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Hace poco me preguntaron por qué Yellow Card decidió lanzar operaciones en África. La pregunta vino de un ejecutivo de una empresa de bienes de consumo centenaria que exploraba cómo las stablecoins podían respaldar sus flujos comerciales globales.
Esa conversación se quedó grabada en mi mente. Destacó dos cosas: primero, que las stablecoins ya no son solo un tema para empresas de tecnología financiera y de criptomonedas; las empresas globales tradicionales ahora están prestando atención. Y segundo, que si bien las stablecoins están comenzando a demostrar su valor, todavía no están en el centro de las finanzas globales. El Foro Económico Mundial (WEF) informa que el volumen de transferencia global de stablecoins alcanzó los US$ 27,6 billones en 2024, superando el volumen combinado de transacciones de Visa y Mastercard. Pero para alcanzar una verdadera adopción masiva, las stablecoins necesitan algo más poderoso que la tecnología: alianzas.
La colaboración entre emisores, proveedores de infraestructura, protocolos, reguladores y empresas es lo que transformará a las stablecoins de una innovación emergente en una infraestructura financiera convencional. En ningún lugar es esto más evidente que en África y otros mercados emergentes, donde la necesidad de herramientas financieras prácticas, estables y eficientes es más urgente.
Construyendo acceso y confianza
El primer bloque de construcción de la adopción es hacer que las stablecoins sean confiables y fáciles de usar. Aquí es donde las alianzas entre emisores e infraestructura desempeñan un papel decisivo.
Tome como ejemplo el trabajo de larga data de Yellow Card con Tether y otros emisores de stablecoins, entre ellos Circle y Paypal. Estas colaboraciones han ido mucho más allá de la liquidez. Juntos, hemos ofrecido programas de educación financiera que han llegado a más de 1 millón de personas en 20 países africanos, mostrando a las comunidades cómo las stablecoins pueden respaldar necesidades cotidianas como remesas, pagos de facturas y ahorros. Hoy en día, esas mismas alianzas impulsan la mayor parte de los $7 mil millones de volumen de transacciones de Yellow Card, una escala que no sería posible sin combinar la credibilidad de los emisores globales con la accesibilidad de la infraestructura local.
Estamos viendo un impulso similar en toda la industria. Ripple, por ejemplo, se ha asociado con plataformas de intercambio locales y proveedores de infraestructura, incluido Yellow Card, para implementar RLUSD en los mercados africanos, integrando las stablecoins directamente en los sistemas financieros de la región.
Protocolos: impulsando la escala y la eficiencia
Detrás de cada transacción de stablecoin se encuentra un protocolo de blockchain. En los mercados emergentes, donde la velocidad y el costo marcan la diferencia, estos protocolos son los verdaderos motores de la adopción.
En el primer trimestre de 2025, Solana procesó más de 200 millones de transacciones de stablecoins cada mes, una señal clara de lo rápido que se está escalando el uso. Eso equivale a millones de transferencias por día, pagos que cuestan solo fracciones de centavo para enviar. En combinación con la infraestructura financiera local, este tipo de velocidad y costo casi nulo hace que las stablecoins sean prácticas para todo, desde facturas cotidianas hasta grandes flujos comerciales regionales.
In Latin América, la historia no es solo sobre stablecoins globales sino también locales. En Brasil, el cREAL (una stablecoin denominada en reales) se ha puesto a prueba con el apoyo de fintechs y redes de blockchain. En México, se están probando stablecoins respaldadas por el peso para corredores de remesas, especialmente la ruta México-EE. UU. Las alianzas con protocolos como Stellar y Polygon han sido clave para expandir la liquidez y el acceso. Y en Argentina, donde la inflación supera el 100%, las stablecoins respaldadas por el dólar se utilizan ampliamente, y los emisores y las billeteras locales las convierten en herramientas cotidianas para el ahorro y el comercio.
Trabajar con los reguladores para generar legitimidad
Se suele decir: “innova primero, regula después”. Pero en realidad, ninguna innovación financiera puede escalar sin reglas claras. Para que las stablecoins pasen de los márgenes a la corriente principal, los reguladores deben ser vistos no solo como árbitros, sino como potentes facilitadores.
Kenia es un sólido ejemplo. En 2024, la colaboración entre los actores cripto y las partes interesadas del gobierno allanó el camino para el Proyecto de Ley de Proveedores de Servicios de Activos Virtuales (2025), una de las primeras leyes integrales de criptomonedas y stablecoins de África. La legislación ofrece claridad para las empresas, protección para los consumidores y legitimidad para el ecosistema. Y esta tendencia se extiende mucho más allá de África.
En la UE, MiCA establece estándares integrales para las stablecoins con un enfoque en la transparencia y las reservas. En los EE. UU., la Ley GENIUS establece un marco claro para la emisión y supervisión de las stablecoins. En Singapur, las directrices de la MAS equilibran la innovación con la protección del usuario. En Brasil, las leyes de activos digitales reconocen explícitamente las stablecoins en las remesas.
Las empresas convierten las stablecoins en una utilidad cotidiana
En África, la tendencia ya es visible. En Nigeria, las PYME utilizan USDT para pagar a proveedores en China. En Kenia, las ONG han puesto a prueba desembolsos a través de stablecoins para acelerar la entrega de ayuda comercial. En África subsahariana, donde las remesas sumaron $54 mil millones en 2023, las stablecoins están reduciendo los costos del 8-10% a menos del 1%. Las alianzas con Visa y Yellow Card están ayudando a las empresas a agilizar la orquestación de pagos, integrando las stablecoins en los ecosistemas regionales. A nivel mundial, las empresas están comenzando a liquidar facturas de proveedores y nóminas utilizando stablecoins, mientras que las corporaciones las exploran para la gestión de tesorería. En América Latina, los minoristas y los comerciantes en línea de Brasil y Argentina aceptan cada vez más stablecoins para protegerse contra la volatilidad de la moneda y simplificar el comercio.
A medida que más empresas adoptan las stablecoins, estas dejan de ser un nicho de tecnología financiera para convertirse en una herramienta financiera convencional que impulsa el comercio, las nóminas, las remesas y la distribución de ayuda. Y una vez más, las alianzas están en el centro: emisores globales, infraestructura local, reguladores y empresas trabajando de la mano.
Conclusión
Las stablecoins ya no están al margen de las finanzas. Han demostrado su utilidad en pagos, remesas y comercio, pero su verdadero impacto llegará cuando se conviertan en parte de la infraestructura financiera cotidiana. Al observar retrospectivamente el crecimiento del sector cripto, se destaca un tema: las alianzas siempre han sido el multiplicador.
Lo que más me entusiasma es que ya no son solo las empresas de tecnología financiera o las plataformas de intercambio las que lideran el camino. Incluso las empresas de bienes de consumo centenarias están explorando las stablecoins para simplificar el comercio global. Esa es una señal poderosa de lo que se avecina.
Building Access and Trust
The first building block of adoption is making stablecoins both trustworthy and easy to use. This is where partnerships between issuers and infrastructure play a defining role.
Take Yellow Card’s long-standing work with Tether and other Stablecoin issuers among them Circle, and Paypal. These collaborations have gone far beyond liquidity. Together, we’ve delivered financial literacy programs that have reached over 1 million people across 20 African countries, showing communities how stablecoins can support everyday needs like remittances, bill payments, and savings. Today, those same partnerships drive the majority of Yellow Card’s $7 billion in transaction volumes, a scale that wouldn’t be possible without pairing the credibility of global issuers with the accessibility of local infrastructure.
We’re seeing similar momentum across the industry. Ripple, for instance, has teamed up with local exchanges and infrastructure providers, including Yellow Card, to roll out RLUSD in African markets, embedding stablecoins directly into the region’s financial systems.
Protocols: Powering Scale and Efficiency
Behind every stablecoin transaction sits a blockchain protocol. In emerging markets, where speed and cost make all the difference, these protocols are the real engines of adoption.
In Q1 2025, Solana processed over 200 million stablecoin transactions every month, a clear sign of how quickly usage is scaling. That’s the equivalent of millions of transfers each day, payments that cost just fractions of a cent to send. Combined with local financial infrastructure, this kind of speed and near-zero cost makes stablecoins practical for everything from everyday bills to large regional trade flows.
In Latin America, the story is not only about global stablecoins but also local ones. In Brazil, the cREAL (a real-denominated stablecoin) has been piloted with support from fintechs and blockchain networks. In Mexico, peso-backed stablecoins are being tested for remittance corridors, especially Mexico–U.S. Partnerships with protocols like Stellar and Polygon have been key to expanding liquidity and access. And in Argentina, where inflation exceeds 100%, dollar-backed stablecoins are widely used, with issuers and local wallets making them everyday tools for savings and commerce.
Working With Regulators to Build Legitimacy
The saying goes, “innovate first, regulate later.” But in reality, no financial innovation can scale without clear rules. For stablecoins to move from the margins into the mainstream, regulators must be seen not just as referees, but as powerful enablers.
Kenya is a strong example. In 2024, collaboration between crypto players and government stakeholders paved the way for the Virtual Asset Service Providers Bill (2025), one of Africa’s first comprehensive crypto and stablecoin laws. The legislation offers clarity for businesses, protections for consumers, and legitimacy for the ecosystem. And this trend extends well beyond Africa.
In the EU, MiCA sets comprehensive standards for stablecoins with a focus on transparency and reserves. In the U.S., the GENIUS Act establishes a clear framework for stablecoin issuance and oversight. In Singapore, MAS guidance balances innovation with user protection. In Brazil, digital asset laws explicitly recognize stablecoins in remittances.
Enterprises Turning Stablecoins Into Everyday Utility
In Africa, the trend is already visible. In Nigeria, SMEs use USDT to pay suppliers in China. In Kenya, NGOs have piloted disbursements via stablecoins to speed up aid delivery. Across Sub-Saharan Africa, where remittances totaled $54 billion in 2023, stablecoins are reducing costs from 8-10% to under 1%. Partnerships with Visa and Yellow Card are helping enterprises streamline payment orchestration embedding stablecoins into regional ecosystems. Globally, companies are beginning to settle supplier invoices and payroll using stablecoins, while corporates explore them for treasury management. In Latin America, retailers and online merchants in Brazil and Argentina increasingly accept stablecoins to hedge against currency volatility and simplify commerce.
As more enterprises adopt stablecoins, they move beyond being a fintech niche into a mainstream financial tool, powering trade, payroll, remittances, and aid distribution. And once again, partnerships are at the center: global issuers, local infrastructure, regulators, and enterprises working hand in hand.
Conclusion
Stablecoins are no longer on the sidelines of finance. They’ve proven their utility in payments, remittances, and trade, but their real impact will come when they become part of everyday financial infrastructure. Looking back at crypto’s growth, one theme stands out: partnerships have always been the multiplier.
What excites me most is that it’s no longer just fintechs or exchanges leading the way. Even century-old consumer goods companies are now exploring stablecoins to simplify global trade. That is a powerful signal of what’s ahead.




